
Para Octavio Paz hay dos tradiciones culturales distintas y contradictorias en oriente y occidente. Estas formas diferentes de entender las costumbres pasan por diversas maneras de entender el placer.
Para el autor la tradición occidental – judeo – cristiana asocia el placer al descontrol, a lo informe, a los sentidos desbordados. El placer, si no es espiritualidad pura, es algo imposible de contener. Así el placer y la muerte son cosas informes, son garabatos, porque desbordan la posibilidad de hacerlos objetos de alguna manipulación posible.
Para la tradición oriental la educación de los sentidos, de la sensibilidad, de la afectividad y del cuerpo para placer sí forman parte de una cultura que no ve en el cultivo del placer algo pecaminoso e inaccesible. Como en el arte, se entiende que sólo se accede al placer a través de cultivar algún tipo de disciplina. Si no se cultiva la inteligencia, la sensibilidad y los sentimientos, todo es más de lo mismo; hasta que el exceso vuelve el placer en trivialidad.
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