
Traicionar es recrear al otro; llevarlo de una situación de seguridad a una de desconcierto. Es además recrearse a uno mismo, de sujeto previsible a asumir el gobierno del fértil campo de la confusión.
La traición tiene mala prensa, porque rompe con las expectativas del otro. Es el grito que avisa que uno no es lo que el otro inventó, sino que uno es creador de la otra persona en su desconcierto.
Las perdidas de previsibilidad de otras personas son muy castigadas por los sentimientos aletargados de los comunes. Nunca son capaces de ver, por encima de su sentido común, el valor que a su existencia lleva la traición. Cuando uno es traicionado pierde una imagen y en ese dolor estúpido no puede dar la bienvenida a la nueva imagen que se revela.
El aceptar una traición nos hace en algo miserables, pobres, y de esa miseria nace la posibilidad de lo nuevo. Pero la gente se bloquea y no puede percibir lo rico de unabuena traición: fría, letal, perversa, morbosa.
Ya el sentido común decía que la traición era propia de los dioses. Los dioses no son leales, eso es parte sustancial de su condición.
El romper una imagen y crear otra es parte de la recreación de uno y de otras personas; es una puerta elemental para el logro de nuevas cosas.
Y si no, todo será tedio y monotonía, sentido común y emociones que se rumian.
Por amor a alguien, traicionalo. Es una manera elemental de inventarlo de nuevo y sacarlo del estancamiento al que está condenado.
Por amor traicionalo. Por amor abandonate al abismo de perder lo que equivocadamente ilusionabas como seguro para abrir la puerta a algo nuevo e incierto.
Nuestras cabezas se pudren en certidumbres estúpidas. Por amor cagá a alguien con inteligencia y pasión. Ella/el no te lo va a saber agradecer. O sí, si en verdad merece tu inteligencia al servicio de su ser. Todavía hay esperanza para algunos pocos espíritus humanos... o casi.
Pedile por favor que te ahorre el tedio de su llanto.
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