Wednesday, July 27, 2005

Una nueva teoría sobre el origen de la belleza


Amamos a las mujeres sucias, porque en realidad, para las antiguas religiones, no hay mujer que no lo sea, sino que tiene esa condición en sus entrañas. Fue el catolicismo el que creó la idea de la pureza que con tanta enfermedad azotó las tierras en todos sus confines. (Ap. 17:1) Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían la siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; {2} con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. {3} Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. {4} Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; {5. }
Es por eso que amo a She, a la gran ramera. Estaba escrito. Esa es la razón de mi amor, tan corrupto y sucio como la peor de las podredumbres. Mi sentimiento de amor abomina de mí mismo. Me llama a la miseria y la suciedad que es el origen de todo lo bello. Inexorablemente.

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