Tuesday, March 29, 2005

No existís

Los sujetos nos creemos tales, pero en realidad no somos. Suponemos que somos creaciones individuales y únicas y en verdad nos percibimos así, pero no lo somos. Sostenemos lo que un viejo dicho en forma de graffiti dice en las paredes "el hombre es un misterio sólo para sí mismo" y en base al mito de nuestra naturaleza única e insondable es que  sostenemos el principio de nuestra identidad. En verdad somos objetos morales y la cualidad de individuos es una consecuencia de esto y no un consecuente.

La gente suele decir que tiene principios y valores y se ufana de ello. En realidad las personas son construidas por esos principios y valores, a veces aprisionadas por los mismos, pero tiene la ilusión de que la relación es inversa.

Son pocas las mujeres que reconocen no poseer un instinto maternal; pero el instinto no es tal. Los mandatos de maternidad responden a necesidades funcionales de una sociedad y se regulan en base a los requerimientos de la misma. La maternidad en África tiene poco que ver con la forma en que se la entiende en Argentina y nada con las tasas de natalidad que caen en picada en los países nórdicos y en Europa en general. Todas son mujeres y el sentido de la maternidad tiene significados muy distintos.

Como sujetos morales las normas nos construyen y nos destruyen.

Las pulsiones suicidas, comprendidas en general como motivaciones personalísimas o patologías individuales, responden a regularidades estadísticas que son harto precisas. En base a estas regularidades podemos sospechar que los individuos no se suicidan, sino que son suicidados (si se me permite la licencia).

Los sujetos de la moderna moral son construcciones mucho más precisas y sensibles que los antiguos. En este sentido Edipo es un sujeto claro de la nueva moral: Edipo no recibe castigo por la relación de incesto que protagonizó, él mismo se arranca los ojos porque no puede expresar de otra forma el dolor que le representa un hecho que considera aberrante. El castigo ante las violaciones de la moral proviene de un verdugo que llevamos dentro, del sentimiento de culpa, que nos controla. También gracias a él es posible la convivencia pues si no seríamos todos perversos y la coexistencia pacífica sería imposible. Deducimos entonces que la neurosis es la expresión individual de condiciones de antagonismo moral que son propios de cualquier sociedad moderna. No hay un agente externo, como en viejas religiones aún existentes en oriente medio, que sanciona con una pena a la adúltera, por ejemplo, o al sacrílego. Esto hizo de los sistemas morales propios de la modernidad las formas más perfectas de control social que puedan existir.

Pero estos dispositivos de control no atentan contra el individuo, como el común de la gente entiende. El sujeto no existe, los individuos expresan la moral, pero no la inventan ni la elaboran. El creer que somos autores de nuestras propias creencias y convicciones es una precondición necesaria para ser las construcciones morales que encumbran el mito del libre albedrío.

Así damos por derribado el insulso mito de la identidad.

No existís.


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